Punto y a parte

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XXXV

Siendo aún invierno, hace una semana que el tiempo se disfrazó de primavera. Es cierto que el aire te recuerda el último mes de invierno, pero ya huele el brote en el ambiente. Reminiscencias del calor, de las noches sin dormir, del sudor mezclado, de la libertad del cansancio.
Las bombillas de las farolas están fundidas. Salvo una. Si por un momento detienes la marcha intentando no tropezar en la oscuridad, podría parecer un cuadro de sombras en el que intencionadamente surge una luz, una guía para aquellos que buscan, para los vicios de rincones perversos, para los desesperados que huyen, para los que necesitan una respuesta que llevará a una nueva pregunta de búsqueda incesante...
De la farola sale reflejada una sombra. La sombra de su guarda. Tacones que simulan altísimos puentes en la sombra, piernas interminables acabadas en una escasa falda de cuero, chaqueta de tela vaquera cubierta por la oscuridad del pelo largo, liso e interminable. Sin rostro. Solo la sombra del mismo.
Últimamente tengo la mente bombardeada de infinitas ideas, recuerdos, instintos que confluyen en una carrera agotadora dentro de un laberinto sin salida. Hasta tal punto que en ocasiones necesito sujetarme la cabeza con las manos y presionar hasta que reconduzco mi conciencia.
Eso es lo que necesito, una "charla" con el abogado del diablo.
 

XXXIV

Hoy mi niño se ha metido en un callejón sin salida.
Se ha adelantado y se ha encontrado con El Precipicio.
Un salto de 5 años, más del doble de su vida.
En un razonamiento ameno y divertido pasó de deber observar el fin como anecdótico y propio de un sueño, a su estado irreversible. Verse en tal tesitura,
buscar una salida y no encontrarla, interrogándome con sus ojos para encontrar una respuesta infantil...., que no hay.
Encontró la pregunta adecuada, y que no debía.

XXIII

¿Por qué tengo que solucionar mi cubo? 
Una vez que lo consiga la prensa y la fama congelarán mi cubo en el tiempo, enmarcarán mi logro y el resto ya no contará.
¿Si no lo hago?, ¿si ni tan siquiera lo intento?
Dejaré que mis dedos fluyan bajo un mandato abstracto de mi mente, los colores hablarán sin palabras, las formas me indicarán recuerdos y futuros, sus giros evocarán las salas oscuras donde la carne se gozaba, donde las risas daban paso a los gemidos y estos a los azotes. 
Creo que por una vez mi mente me agradecerá este regalo del azar, sin intención, sin logro ni victoria, en el que el camino interminable será el gozo. Será como mantenerte inmortal mientras viva, pues después ¿a quien le importará?. 

XXII

Día dos de diciembre. El frío es insoportable, y este ligero viento lo guía por los intersticios de la ropa hasta la piel, que se eriza y encoge.

Una oscura e interminable calle recorrida por una sucesión de farolas perfectamente alineadas, asfixiadas por el frío, que apenas se alumbran a sí mismas.

Menos una.

Hacia el final de la calle una única bombilla se hace reina y señora de su farola y extensión. Ligerísimos copos de nieve se dibujan en su caer arrítmico y aletargado.

Apoyada sobre el frío cuerpo de aluminio se encuentra una mujer de pelo largo y negro, decorado con puntos de nieve helada, cazadora corta de cuero negro, tacones interminables de los que nacen medias de rejilla abierta que se esconden bajo una minifalda de tela vaquera, con dos nimios bolsillos en donde se medio esconden las manos.

Mira hacia la noche fría. Se intuye el tarareo de una melodía de Medeski por el ritmo de los labios sobre la noche en forma de vahos musicales.

Unos pasos recorren la acera, en ocasiones se escuchan más, en ocasiones se pierden. Ha visto a la mujer desde bastantes farolas atrás, sin quitarle ojo y según se aproxima, intenta dibujarla en su imaginación a su antojo.

Al llegar a su altura le parece aún mejor. Ralentiza el paso y busca en uno de sus bolsillos, sin apartar la vista. Se maldice por no llevar nunca efectivo y confiar demasiado en las tarjetas de crédito.

- ¿Que hay? - provoca sin bajar la mirada y leyendo el gesto de fastidio del joven, o no tan joven.

- Buenas noches..., por decir algo - contesta el chico parando su marcha.

- Me gustan estas noches.

- Ya veo ya. Eres la única que anda por aquí.... - duda

- ...trabajando, si. Me gustan estas noches. - explica sonriendo.

- ¿Puedo hacerte una pregunta?

- ¿No la estás haciendo ya?

- Sí, - sonríe - dos, entonces.

La mujer asiente sonriendo.

- ¿Elegiste tú..., no sé como decirlo, tu camino, tu trabajo, lo elegiste tú? - vuelve con la segunda pregunta.

- ¿Tú crees que elegimos?

- No lo sé, a veces me gusta pensar que sí y otras me es más fácil creer en las casualidades. Pero hay muchos hombres....

- Tengo la suerte de elegir. A los hombres y/o mujeres.

- Me gusta oír eso. Yo creo que puedo elegir hasta cierto punto. Pero creo que tengo un fallo de serie.

- ¿Sí?.- eso pareció hacerle gracia. - Yo no te veo mal.

- Yo a ti tampoco, salvo porque he salido sin dinero y me gusta lo que veo. ¿Tarjeta de crédito no...?

- No - también volvió a hacerle gracia y está vez hasta soltó una agradable carcajada.- De momento no....

- Vaya, ¿ves como no elijo? .- contestó a modo de gracia aderezada con una pizca de frustración. - El caso es que creo que mi fallo de serie está en mi genética y patino en la memoria.

- En la memoria.

- Si. Mentalmente soy hiperactivo, eso o que tengo el gen de la curiosidad acelerado. El caso es que he estudiado infinidad de cosas, he leído sobre muchos temas, he viajado todo lo que he podido, he tratado con gente muy dispar.... - pausa al percatarse con quien está hablando- bueno, a lo mejor no con tanta gente como lo habrás hecho tú...

- Puede ser..., sigue - insiste mientras saca las manos de los bolsillos de la minifalda y cruza los brazos sobre su pecho, pero no bajo una comunicación no verbal a la defensiva o de incredulidad, sino como a la espera de un veredicto para ser analizado.

- ...bueno, sigo, el caso es que creo que tengo un problema de memoria y que recuerdo un tanto por ciento muy bajo en comparación tal vez con la media de las personas, porque no recuerdo muchísimos datos y a parte no aprendo de mi comportamiento para con otras personas. ¿Qué crees tú? - pregunta espectante mientras mete las manos calientes en los fríos bolsillos de su chaqueta.

- Que creo que al final si que te voy a aceptar la tarjeta de crédito. - dice mientras ríe abiertamente, lo que provoca una carcajada compartida.

- Toma, toma - dice mientras busca en el interior de su chaqueta la cartera para sacar la tarjeta - pero cóbrame ya los dos. - Vuelven a reír, mientras el joven o no tan joven guarda la cartera y tras abrocharse vuelve a meter las manos en los bolsillos.

Se quedan mirándose a los ojos mientras cesa la risa para convertirse en sendas sonrisas agradables. El frío no perdona y sigue amenazante. El baile de la poca nieve ha cesado.

- Me tengo que marchar. Gracias por esta pequeña charla y te debo un café.

- Por supuesto.- sonríe.

- Aunque la próxima vez traeré más dinero que para un café.- se le escapa una sonrisa pícara.

- Eso espero.... - se la devuelve.

- ¡Nos vemos! .- se despide el joven o no tan joven.

- Tal vez.- Susurra mientras vuelven las manos a los bolsillos y apoya la cabeza en la farola para mirar mejor el frío de la noche.



XXI

Una larga calle en cualquier ciudad. Parece un apagón generalizado, la oscuridad es absoluta, pero en mitad de la calle aún queda una farola encendida. La bombilla es antigua, no es mucha la extensión que alumbra y lo hace desprendiendo un tono amarillento.
Bajo la farola se dibuja la figura de una mujer. Pelo largo, falda corta y altos tacones. Apoyada en la farola, dibuja un movimiento rítmico basado en el cigarro, que tras dar una calada, expulsa el humo y deja caer el brazo en toda su extensión. De nuevo sube lentamente, calada, el humo que asciende y el brazo que descansa.
Hace frío, pero estas mujeres impasibles parecen insensibles a las estaciones. Lo que parece ser una fina bufanda y el vaho que exhala al respirar, anuncian que la noche es dura.
Se oyen pisadas. Rápidas y tal vez torpes. Cansadas. Se aproximan hasta la luz, y bajo la farola, la figura de un hombre apoya sus manos sobre sus rodillas y baja su cabeza buscando oxígeno. La mujer no mira. No habla.
La respiración es rápida y fatigada. El vaho se eleva por encima de la farola y se pierde quien sabe donde.
- Perdona....- dice trabajosamente una voz tímida y educada, con esa educación típica de los pueblos pequeños, aunque sin duda exaltada, pues ¿cómo si no se atrevería a dirigirle la palabra a esta mujer?
- ¿Sí?
- ¿Has visto a una chica por aquí?
- ¿Te intimidan las mujeres y buscas una chica?
-.... .... - levanta la cabeza extrañado y confuso, intentando vislumbrar en el rostro el significado de la pregunta. Pero el rostro sigue reflexivo y observa como desaparece el humo.
- Puedo ser una chica si quieres, ¿cómo te gusta esa chica?
- No gracias - entendiendo - me refiero a que si has visto a una chica pasar por aquí.
- Por aquí solo estoy yo. ¿Iba sola?
- No lo sé - contesta intentando incorporarse.
- No lo sabes.
- Sola o con un chico.
- ¿Su novio?
- No, bueno... - duda mirando al suelo.
- Si tu no eres su novio, y si esta chica va sola o va con un chico que puede ser su novio... - le encanta hacer este tipo de silencios que hablan. A la vez tira la colilla encendida que se pierde como una estrella que cae en el infinito, y tras cruzarse de brazos mira al joven mientras se decora con un amago de sonrisa.
- No es mi novia. Nos casamos. Pero hubo un tiempo que siendo novios...- explica dudando si continuar.
- ... te engañó. - concluye ella.
- Si. - afirma en un arrebato de sinceridad mientras mete la manos en los bolsillos de una chaqueta inadecuada para estos fríos, y mira el rostro de la mujer. Le gusta. Incluso duda.
- Pero si ya es tu mujer.
- No sé que ha pasado. Aquella vez no me atreví a dar el siguiente paso. Pensé que sería para siempre, pero conoció a alguien y me dejó, - hizo una brevísima pausa y continuó hablando muy rápido para simular que no había ocurrido - pero nos arreglamos y volvimos.
- ¿Qué problema hay entonces? ¿Quién no comete errores?. El problema esta cuando no se resuelve, se pasa página y luego intentas leer a contraluz esa página una y otra vez.
- No. Lo hablamos. Pero no dejo de perseguirla. No me fío, y no se si desconfiar de ella o de cualquiera que se acerque a ella.
- ¿Por qué?
Bajó la mirada y de nuevo la miró a los ojos con un gesto de rabia, con la intención de responder agresivamente. Pero no dijo nada.
- ¿Sí? No veo nada raro en esta historia, salvo tal vez lo que no dices.
- ¿La has visto o no? - espetó agresivamente.
- ¿Crees que tengo obligación de contestar?. Ten en cuenta que lo único por lo que lo haría ahora mismo sería por lástima. - pausa controlada de nuevo. Impasiva, ya sin el amago de sonrisa- ¿quieres que te conteste?
- No. - Contestó bajando la mirada hacia el suelo. - Sexo. Es por eso, por sexo.
- ¿Te dejo por el sexo?
- No. Me dejó por puro aburrimiento, pero el tiempo que duró su aventura se basó únicamente en el sexo, días y días de sexo. - Miraba al suelo y negaba con la cabeza.
- ...y eso no lo has podido recuperar, se te escapa.
- Eso es. - dijo mirando a la mujer con la sensación de haber encontrado a alguien que le comprendía. - ¿La has visto?
- La he visto. Delgada, pelo largo, con cara graciosa....
- ¿Sola o acompañada?
- La he visto... - comenzó
- ¡Gracias! - gritó mientras reemprendía la carrera dirigiéndose a ninguna parte.
- ...y tendrás que perseguirla durante toda tu vida.



XX

Estoy analizando una nueva vía: cada vez que sufro un sentimiento de frustación, ya sea un enfado, un malestar o alguna incomprensión, en el que interfiere una persona, intento estudiar de donde proviene la raíz del problema, pero no en la circunstancia o en la persona, sino en mí, por muy claro que vea que la responsabilidad no es mía.

Sigo analizando y es curioso que el problema siempre reside en mí, porque de otra manera cualquier comentario o acción sería pura levedad...